Se pueden prevenir los accidentes de tráfico en Málaga. Otra vez tarde

accidente malaga atropello cerrado calderon Se pueden prevenir los accidentes de tráfico en Málaga. Otra vez tarde Llegamos tarde. Como siempre. Han tenido que perder la vida un padre y su hijo de corta edad para que, ahora sí, nos volvamos todos chalados (una expresión muy malagueña, por cierto) exigiendo medidas para contener el tráfico en unas urbanizaciones donde cada día se juegan la salud miles de malagueños, en el fuego cruzado de coches, motos, peatones y dobles filas. Ahora sí, las promesas serán llenar de inmediato las carreteras de badenes; de baches tan altos como sea posible y de señales de 30 km/h, a ver si así, a base de destrozar amortiguadores y direcciones, dejamos de hacer el cafre por las calles de la capital.
Ya nadie le devuelve la esperanza a tantas familias rotas por accidentes absurdos, evitables. Ya nada podrá consolar a esas madres que han perdido a hijos y maridos y hermanos y sobrinos por la imprudencia, el despiste, el exceso de confianza o la estupidez, a secas, de uno que pasaba por allí. Pero bien es cierto que nunca es tarde si la dicha es buena, y en este caso la dicha llega con un retraso mortal, pero salva vidas.
Ahora, en caliente, es el momento de dar prioridad a unas actuaciones viarias que requieren de muy poca inversión, máxime si se compara con los beneficios; para que, al menos en las zonas residenciales, se reduzcan al mínimo las posibilidades de un mal golpe, con peores consecuencias. Está todo inventado, y visto que la educación es necesaria pero nunca suficiente, no está de más que Málaga, ciudad modélica en cuanto a medidas de accesibilidad universal, lo sea también por su seguridad vial.
La gravedad de los hechos impone que esta no se convierta en otra polémica recurrente, aplazada, hasta el próximo siniestro, por el rodillo de la actualidad imparable, en una ciudad acostumbrada a digerir y olvidar todo lo que sucede, ya perdida la capacidad de sobrecogerse. Igual que, en su momento, el desastre de la siniestralidad en España obligó a endurecer la normativa y la vigilancia de conductas peligrosas -con el consabido descenso de los muertos en las carreteras- sucesos como este, y como muchos otros que han pasado desapercibidos para la opinión pública, deben convertir la integridad de peatones y conductores en un verdadero objetivo. Aunque demasiado tarde, esta vez la ciudad está obligada a llegar. Se lo debemos.
Fuente: diariosur

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